Víctimas de terrorismo en la macrozona piden misma empatía a Boric respecto de Gaza

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Casi 600 días transcurrieron desde el inicio del gobierno del Presidente Gabriel Boric hasta que concretó su primera visita oficial a la Región del Biobío –antes visitó la zona debido a emergencias–. El recorrido lo comenzó en la Provincia de Arauco, donde encabezó la inauguración de un Servicio de Atención Primaria de Urgencia de Alta Resolutividad (SAR) en Tirúa. Y fue precisamente durante ese acto, cuando pronunció unas palabras que hicieron ruido a las decenas de víctimas del terrorismo que azota a la Macrozona Sur. “No a la estigmatización” y “no a la caricatura”, dijo el Mandatario para referirse a los hechos de violencia rural que ocurren en la comuna.

“Cuando uno entra en Tirúa lo primero que sorprende es la belleza, inmediatamente después la calidez de su gente. Sin embargo, si uno busca las noticias, Tirúa solamente aparece por las cosas malas que pasan y, está bien, para que no se malentienda. Yo no digo que no se cuenten las cosas malas. Las cosas malas se tienen que contar, pero creo que es importante que también se cuente todo el esfuerzo de la comunidad por sacar las cosas adelante”, argumentó.

No obstante, los datos dan cuenta que no es un “estigma” ni una “caricatura”. Entre 2014 y 2022, la violencia en la Macrozona Sur tuvo un aumento de 159%, según información recopilada por el ex coordinador nacional de Seguridad de la Macrozona Sur, Pablo Urquízar. Hubo 4.557 hechos de violencia en La Araucanía y 2.158 en Biobío y las cinco comunas más afectadas son Ercilla, Collipulli, Victoria, Tirúa y Cañete.

En el mismo período, se contabilizan 47 fallecidos producto del conflicto. De ellos, nueve fueron asesinados en Tirúa y entre estas víctimas se cuentan un carabinero, un contratista, una menor de edad, un joven que fue quemado dentro de una cabaña y personas de origen mapuche.
Es por eso que las víctimas cuestionan las palabras del Presidente. En especial, porque revelan, que aunque lo intentaron, no fueron atendidos por el Jefe de Estado.

Fernando Fuentealba, presidente de la Fundación de Víctimas del Terrorismo en la Macrozona Sur, a quien le quemaron su hotel y fue desplazado en dos ocasiones, asegura que intentó conversar con el Mandatario sin éxito. Coincide Solange Etchepare, directora de la Fundación Víctimas del Terrorismo Chile (FVT): “No hubo invitación a ninguna de las agrupaciones de víctimas de la zona a conversar con el Presidente o con alguno de los de su comitiva. Nadie fue informado, la visita fue relámpago. Ninguna de las tres organizaciones fue invitada a esta inauguración, ni menos, a alguna conversación”.

En cambio, Etchepare describe un panorama que es desalentador: “La verdad es que los asesinatos han ido en aumento, también los atentados armados. Solamente en Quidico, que es parte de la comuna de Tirúa, han habido casi 80, y las viviendas quemadas ya van en 75 en los últimos dos años. Entonces, esa visión romántica que tiene el Presidente de que esto es una mala prensa o una mala reputación de la comuna… En Quidico el retén de carabineros está absolutamente baleado, lo mismo con el consultorio, no solamente perdigones de escopetas, sino que balas de grueso calibre”.

Además, enumera Etchepare, en la zona las antenas de telefonía celular han sido dinamitadas en varias ocasiones, y también intentaron dinamitar el Puente Lleu Lleu, utilizando un auto bomba.

En cuanto a la educación, las cosas no van mejor. Dice Etchepare que entre Tirúa y Cañete han quemado seis escuelas (dos en Tirúa). “Deben haber, por lo menos, 800 alumnos que se quedaron sin escuela y que se tuvieron que mover a otros lugares a estudiar”; y se pregunta cuántos de ellos realmente están accediendo a la educación.

Un ejemplo ocurrió el 27 de abril de este año, ese día ocho hombres con armas largas dispararon a un minibus escolar en el sector El Molino de la Ruta P-72S, que une las comunas de Tirúa y Cañete. El vehículo transportaba precisamente a niños de sectores rurales que se dirigían a sus establecimientos educativos. El hecho despertó el repudio de autoridades de gobierno, incluyendo a la ministra del Interior Carolina Tohá, quien aseguró que los culpables serían perseguidos con todo el peso de la ley, pero hasta donde se sabe no hay detenidos por estos hechos.

[2/2] Los culpables serán perseguidos con todo el peso de la ley. Los niños y las niñas tienen derecho a vivir tranquilos, plenos y felices. Nuestra solidaridad con los 23 estudiantes, su comunidad escolar y sus padres y madres. Como @GobiernodeChile no los dejaremos solos— Carolina Tohá (@Carolina_Toha) April 27, 2023

Víctimas de Tirúa piden al Presidente la misma empatía que tiene con el conflicto en la Franja de Gaza

Fuentealba explica que cuando el Presidente visitó Tirúa hubo un gran despliegue de seguridad que estuvo a cargo de la Armada. Asegura que en la inauguración del SAR el acceso al público fue muy controlado y lamenta que más bien Tirúa se ha convertido en una comuna “fantasma”, donde “hace tiempo se perdió la calidad de vida y los estándares mínimos para desarrollar alguna actividad económica. Hay asaltos a los camiones de abastecimiento, ataques al personal de los servicios de salud. Muchas veces pacientes que están en estado graves no han podido ser trasladados a los centros de mayor complejidad, porque tienen la ruta cortada”.

También indica que el sistema de transporte es muy precario y que han existido períodos en que los violentistas han cobrado “peajes” para permitir el paso de los buses de transporte y de los particulares que se desplazaban por la ruta que une Cañete y Tirúa.
En este sentido Fuentealba alude a la necesidad de que el Presidente sea más empático con las víctimas, por ejemplo, considerando la férrea defensa que ha asumido por los sucesos que están teniendo lugar en la Franja de Gaza.

“Nosotros extrañamos mucho la falta de consecuencia del Presidente, que tiene un doble discurso dependiendo de su ideología. Critica una situación (en la Franja de Gaza) donde se ven involucradas justamente familias, mujeres, niños, como lo indica él, pero por qué no tiene la misma mirada consecuente y el mismo grado de compromiso con las víctimas del terrorismo en la Macrozona Sur. Es decir, ¿cuánto tiempo llevamos esperando una solución real de reparación? Nosotros sentimos que los discursos del Presidente de la República se quedan solamente en eso, en discursos, y no hay una acción para revertir las situaciones que pasan las víctimas”, lamenta Fuentealba. Al final, dice, entre las víctimas impera la desmoralización, la frustración y la impotencia.

Y no es la única víctima que echa de menos más empatía por parte del Presidente. Otra persona que ha sufrido múltiples atentados, que prefiere no dar su nombre por razones de seguridad, indica que cuando el Presidente habla de “caricatura”, “esas palabras ofenden y son indolentes con las víctimas, con los muertos de este conflicto, que tiene familias desgarradas”. Agrega que “él debería tener una perspectiva mucho más humana de este conflicto, como la está teniendo en este momento con el conflicto palestino, porque él parece no entender el sufrimiento de miles de chilenos que han sido víctimas de violencia extrema”.

La “violencia extrema” no es una exageración. Otro afectado cuenta que a él, a su señora y a su hija de 10 años los sacaron a balazos de su casa. No tuvo más opción que retirarse y dejarlo todo “botado”.

En su caso no hubo amenaza previa. Una tarde, alrededor de las 17:00 horas, mientras tomaban once “llegaron de repente y dejaron la escoba. Nos dispararon desde afuera de la casa, rompieron las ventanas, después empezaron con fusiles porque rompieron las paredes de cemento y nosotros arrancamos por milagro. Nos pudimos subir al auto mientras disparaban por todos lados. Mi hija, que estaba atrás, se metió por debajo del asiento, ahí entre los pies, ahí se escondió, menos mal porque sino estaría muerta”, recuerda. No bastó con eso. Inmediatamente después quemaron la casa y los integrantes de la familia se quedaron solamente con lo puesto.
Después de tanto, dice que nunca volverá. “Es una zona tomada por el narco y la guerrilla”, resume.

“En Quidico todo el mundo ganaba, hasta que se terminó el turismo”

El Presidente, además, aludió a la belleza de Tirúa, pero la posibilidad de ir a hacer turismo a la comuna también causa escepticismo.
La diputada por la zona, Joanna Pérez (Demócratas), señala que efectivamente “hay una situación de violencia. Cada vez que yo he estado ahí, la propia ciudadanía nos pide que ayudemos a reactivar la zona, porque hay muchas personas que no van, hay muchas personas que se han ido, hay personas que sufren con violencia. Existe una violencia que ha costado muerte, entonces que el Presidente venga a caracterizar una situación que ha sucedido, que es muy compleja, donde prontamente el propio INDH va a sacar un informe que también demuestra que hay violación a los derechos humanos, abandono de un territorio, y por lo tanto hay un abandono también del gobierno hoy día”.

La legisladora agrega que no hay servicios públicos provinciales como los había hace años. “Toda la parte económica que teníamos nosotros en Tirúa, la parte gastronómica, las mujeres que se dedicaban a distintos emprendimientos, murió eso, porque antes lográbamos tener turistas, hoy día por miedo, por ataques que sufren en la ruta, a pesar del Estado de Excepción, eso no es posible, la gente a las seis de la tarde se encierra en sus viviendas, y no sólo hablo de Tirúa, sino que también de Cañete. No sólo por el terrorismo, sino también por el narcotráfico que hay en la zona”, afirma Pérez.

Incluso, así como Fuentealba tenía el Hotel Küref que fue quemado por completo el año pasado, hay otras víctimas que se mudaron a la zona con la intención de vivir del turismo luego de jubilarse; pero las balas no se lo permitieron.

“Me jubilé después de más de 40 años de servicio. Tenía un terreno de tres hectáreas en Tirúa y me quise ir al campo, también con una proyección turística. Se veía un buen futuro, empezamos a construir, hicimos una cabaña, y lo empezamos a echar a andar. La intención nuestra era ser autosustentables, pero nos quemaron la cabaña”, relata la víctima, un hombre de más de 70 años, que por seguridad prefiere el anonimato.

La quema ocurrió hace más de cinco años. Pese a eso el hombre y su señora se quedaron un tiempo en el lugar, con protección policial. Vigilancia que duró varios meses, hasta que desde la Fiscalía consideraron que ya no era necesaria. Y fue así como la quema de su cabaña no fue el único atentado que sufrieron. También les dispararon a la casa donde habitaban: “Las municiones que usaban no eran balas. Por eso nos salvamos, porque tiraron muchos tiros, no menos de cincuenta. Llegó la PDI a investigar, pero al final no pasó nada”. Y así las noches continuaron transcurriendo en medio de disparos. “Había incertidumbre. No sabíamos si nos iba a llegar una bala, fue traumatizante, el problema y el miedo se agudizó. Y hace dos años decidimos irnos”, relata.

A sus 73 años dejó todo lo hecho, su casa, las instalaciones, jardines y huertas. “Ya no tengo más tiempo de vida para armar algo igual. Me siento muy perjudicado. Antes la gente iba en verano a Quidico y todo el mundo ganaba, desde el pescador, hasta el que tenía unas gallinitas y producía huevos, pero aquí se terminó el turismo”, lamenta. “Así como yo tengo deberes y derechos, el Estado también tiene; y el Estado debería darle protección a sus ciudadanos, y no me la dio”.

“Tirúa es un pueblo sin ley”

En la comuna de Tirúa se encuentra Puerto Choque. Un lugar en el que es sabido se asentaron dirigentes de orgánicas radicales como Héctor Llaitul o Emilio Berkhoff; hoy ambos presos. Es por ello que otras víctimas declaran que la zona está muy contaminada por la influencia de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) y el interés de control territorial de ésta, así como de las nuevas agrupaciones que con los años se han ido descolgando de la CAM y surgiendo con nuevos nombres.

La víctima que antes pidió la misma empatía que con Palestina, cuenta que con los años debió ver cómo estas agrupaciones se iban organizando, “y fueron creando un concepto de guerrilla que avanzó rápidamente de contar con piedras y palos a las armas de alto calibre, asesinato de policías, quemas de casas, de ganado, robos de animales”.

A este otro hombre no le alcanzan los dedos de ambas manos para contar todas las veces que él y su familia han estado expuestos a los atentados; es por ello que también prefiere resguardar su identidad, ante la peligrosidad de lo que allí sucede. “Tirúa es un pueblo sin ley”, sentencia. “Estos grupos mantienen el control de la comuna. Quien no está autorizado por ellos para poder ejercer cierta labor comercial le van a quemar el camión, le van a quemar la casa. Si alguien trabaja un campo le van a disparar”.

Por ello sostiene que no se puede comparar lo que pasa en estas comunas con la inseguridad, por ejemplo, de la Región Metropolitana. “Santiago es incomparable a la violencia rural, que es una violencia impredecible en un escenario donde hay mucho menos densidad de población y con una crueldad mucho mayor y con mucho mayor grado de impunidad”, describe sobre las situaciones que observa casi a diario.

En ese sentido también señala que hay días en que los servicios básicos funcionan de forma normal, pero “basta un suceso, por ejemplo que tomaron preso a algún cabecilla, para que se altere la vida completa y los niños ya no puedan ir a la escuela ese día. Acá la gente se comunica a través de cadenas de WhatsApp y es así como nos informamos de los cortes de ruta. La gente se ha ido acostumbrando a esa cotidianidad”.
El mismo día que llegó Boric a Biobío hubo cortes de ruta. La orgánica Weichan Auka Mapu (WAM) se pronunció en rechazo a la visita del Presidente y se adjudicó la quema de una iglesia en Contulmo, ocurrida la noche anterior a la llegada del Jefe de Estado y los cortes de ruta entre Cañete y Tirúa que hubo ese día, lo cual significó que el Presidente debiese llegar a la inauguración del SAR en helicóptero.

Ver para creer

Pero una cadena de WhatsApp no se compara con el nivel de organización con el que cuentan los grupos radicales que actúan en el Cono Sur de la Provincia de Arauco. Varias de las personas de Tirúa consultadas señalan que las guerrillas que controlan zonas como Quidico, Lleu Lleu o Lanalhue tenían drones “antes que la policía” y relatan que en algún momento incluso existió el temor de que pudiesen “pinchar” las conversaciones telefónicas.

Afirman que estos grupos radicales también tienen “sapos” y que han sido capaces de instalar cámaras afuera de los retenes para conocer el movimiento policial. Sobre el asedio que hicieron en Quidico, del que Etchepare calcula han obligado a marcharse a más de 70 familias, explican que lo que querían era tener el control de las áreas más elevadas para poder vigilar los caminos y también anticiparse a la presencia policial.

Otra víctima, cuya familia estaba asentada en el área de Puerto Choque, y quienes sufrieron la quema de dos cabañas, aún tiene la esperanza de reconstruir. Aunque no regresan al lugar desde 2019, cuando les quemaron la segunda vivienda. En su caso estaba en el sector donde residen los más radicales, y cuenta que a sus vecinos no sólo le quemaron la vivienda, sino que debieron ver cómo quemaron vivos a sus animales en una hoguera.

Afirma que llegado un punto lo que había en la zona eran mafias de droga y de robo de madera por lo que sostiene que la retirada de las familias también es consecuencia de la retirada del Estado. En su caso, sostiene que no fue sino hasta dos años después del atentado que lo contactaron desde la PDI para conocer si él tenía algún antecedente: “La impunidad es gigantesca. Si te queman, quemado te quedaste”.
Al final para quienes están en Tirúa lo que queda es ver para creer. El concejal de Tirúa Neftali Nahuelqueo, a quien en una ocasión hombres armados lo pararon en el camino y le cobraron peaje para dejarlo seguir su ruta, asevera que “respecto a la visita del Presidente, mientras no haya señales de inversión clara o haya alguna disposición de ingresar algún proyecto importante en el ámbito de seguridad y en el ámbito de reparación de las víctimas, creo que es una visita que no tiene mayor sentido”.

Fuente: El Líbero

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